sábado, 8 de octubre de 2011


o el cadáver errante…
"... ¡qué lloren sus iguales y se traguen sus lágrimas, se acabó el monstruo prócer, se acabó para siempre, vamos a festejarlo, a no ponernos tibios, a no creer que éste es un muerto cualquiera, …, a no olvidar que éste… ¡es un muerto de mierda!"
De: “A la muerte de un canalla”, por: Mario Benedetti





Por: J.W. de Wekker Vegas.

Nauseabundo el aquelarre que han formado los adecos para celebrar el retorno a Venezuela de la momia insepulta de Carlos Sangrés Pérez… Recuerda el show montado las misas negras de brujas… o las danzas del K.K.K. alrededor de una cruz en llamas. La oscuridad y el mal olor fue lo común en el evento.

¿Por qué?... Yo no dejo de preguntarme: ¿por qué los señores de la oposición se ven en la necesidad de enaltecer ese tipo de basura?… Más ganarían guardando el cómplice silencio que han mantenido hasta ahora… Señores, si fueron los mismos personajes, quienes gargareaban hipócritas alabanzas contra el genocida ladrón, quienes expulsaron a Carlos Sangrés de AD…

 Definitivamente la oposición venezolana está mal, muy mal… Está tan mal que tienen que enaltecer sus detritos, para ellos parecer menos mierdas y así tratar de figurar…

No pude aguantar las nauseas… las imágenes de amigos asesinados directamente, -o por ordenes directas- del colombiano genocida pasaron ante mis ojos… Fueron aquellos que no forman parte de las listas de los muertos conocidos, aquellos de los cuales hablara Mario Silva en su programa; no, a esos ya los conocen todos… Recordé a los muertos que nadie recuerda: al Morocho Guerra por ejemplo, muchacho de Coche, muerto frente la iglesia de Santa Teresa, cuando con una cámara en la mano fotografiaba al esbirro quien le disparaba, recordé a las docenas de líderes estudiantiles y campesinos quienes aparecían muertos en cualquier rincón de la patria, reseñados -si lo eran- por los medios cómplices como “balas perdidas” o “ajustes de cuentas”… Viendo el aquelarre, no pude dejar de recordar que el asesino a quien alababan fue aquel quien recibió la orden de “Disparen primero y averigüen después” del invertido y también asesino fundador de Acción Democrática, ratas, ambas, de una misma cañería (con mis disculpas a las ratas)…

Pero ya no importa, lo importante es que el asesino -cadáver insepulto- ya es historia… Y será la historia quien lo juzgue, no sé si ella será indulgente con él, pero yo no lo soy ni pienso serlo… si el futuro me da vida -y regreso alguna vez a la patria- haré sobre su tumba, lo mismo que hice sobre la de su padre político, o sea orinarme en ella.

Dicen que los gatos cagan tan hediondo que -por pena propia- solo ellos  pueden enterrar su mierda, dejemos pues que los adecos entierren la suya, y sigamos la vida como si no existieran, pero recordando siempre quiénes son, cómo son y a que huelen.

Nos vemos en las teclas,


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